Sueño XI: La Noche del Demonio
Arrullado por el canto de los grillos en la noche, veo las ramas oscilar con el viento y cierro los ojos.
Miro por la ventana y noto un vacío en el cielo donde las estrellas se han apartado de la luna. Envuelto en la oscuridad el canto se detiene y los grillos escuchan la voz que me llama.
Algo se asoma de las ramas y se aferra al tronco con sus garras, desvía la mirada al cielo y sube el árbol con pasos lentos hasta desaparecer en las hojas.
Tomados de la mano caminamos en una ciudad colonial oscurecida por la tormenta que se aproxima. Sin decirnos nada recorremos las fachadas con acabados de cantera cálidamente iluminadas. Ella me sonríe.
El camino se vuelve más estrecho y los muros se abrazan hasta que solo puedo avanzar detrás de ella. Al final hay un campo de colinas verdes y, en el centro de todo, está una torre como una lanza bajo la luz de la noche. Sobre la entrada está el símbolo de un ojo, en cada extremo se extienden grandes alas encadenadas.
—Tengo que partir —dijo soltando mi mano.
—Déjame ir contigo —insisto, pero se ella rehúsa.
Camina al interior de la torre cuando vuelvo a sujetar su mano. Los truenos dibujan las nubes y quiebran el cielo, la lluvia cae en largas y pesadas gotas.
—Vuelvo pronto, yo te busco. —se aleja liberándose de mí —Espera mi mensaje.
Corro a ella y rodeándola con los brazos apoyo el rostro en su hombro.
—Te necesito, te amo.
Su cuerpo se derrumba en mis brazos, sostengo su cabeza y la llamo; las puertas de la torre se abren, del interior viene la voz que me susurra al oído desde aquella distancia.
Algo se aproxima y me observa bajo la lluvia
—¡Que le has hecho! ¿Por qué has venido?

Deja un comentario