Observo la luna inmensa, hermosa y radiante; sin compañía y tan semejante. Hermana mía platico contigo y hasta te pido consejos.
—Toma el rumbo de la inmortalidad, —dijo —aprende el camino de la soledad; compartamos juntos este árido sentimiento de la amargura que observo en la tierra.
Conservemos el calor de nuestros corazones.
—¿Crees que podamos existir solo tú y yo? —pregunta.
Te amo como una parte de mí, deseo darte la esencia de mí existencia como el fruto que me abriga todos los días.


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