Existe una torre en la luna con forma de lanza, es de piedra y acabados simétricos que nacen del arco. En el centro hay un rosetón de colores violeta y azules. La entrada es una cavidad con puertas de madera grabadas y es custodiada por dos ángeles. Hombres, mujeres y niños caminan al interior.

Me encuentro en una colina sujetando su mano.

—Tengo que ir. —le dije mirando sus temblorosos ojos.

Besa mi mejilla y suelta mi mano. Camino a la torre y me reúno con los marchantes. Ella espera en la colina.

En la entrada uno de los ángeles me impide el paso y clava la mirada en mí. Sale un tercer ángel.

—¿Qué deseas? —Su voz hizo eco en el viento.

—Quiero verlo —respondí.

—¡Retrocede! —dijo.

—¿Por qué he de moverme? Soy imagen y semejanza, más noble que tú. ¡Déjame pasar!

El ángel se aparta y se desvanece hacia el interior.

Subo por las escaleras donde los gritos y lamentos en las tinieblas me  estremecen. Me siento exhausto y la vista se me nubla, antes de que todo fuera oscuridad apareció el tercer ángel, y me lleva en sus brazos. Flotamos en el cielo hacia las nubes que revelan la bóveda del universo; pude distinguir tres figuras de radiante calidez. 

Mi cuerpo arde en llamas y se esparce en hojuelas de polvo.

—Polvo eres y polvo serás. —dijo.


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